El fin del mundo

Últimamente recurren 
en mis pesadillas
dos escenarios:
En el primero veo al mundo
irse a la mierda,
el apocalipsis según
la sombra de mis parpados.
En el segundo,
te despides de mí
con un "hasta nunca"
afilando la ausencia de tu cuerpo.
Y pienso entonces
que si me dieran a elegir
entre el fin del mundo
o tu despedida definitiva,
preferiría sin dudar
la primera opción.
Sencillamente, la soledad
en suma de la humanidad
me dolería menos
que la soledad en suma
de todos tus espejos.
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Alas

Para Midi
Un día,
te levantarás de la cama
y te mirarás al espejo.
Notarás algo distinto.
No en tu mirada,
ni en la oscuridad intacta
de tus tatuajes.
Será algo mas allá
de la simple certeza de un rostro;
entonces,
tus dedos, adictos al arte,
se quebrarán lentamente,
como el cristal estrellado
de una copa
acostumbrada al vino,
y observarás
con natural asombro
que la piel de tus brazos
se desprenderá para tornar
en un abanico de plumas negras
que se mezclarán con otras
de tonos grises,
y te posarás de nuevo
frente al espejo.
Tu sonrisa delatará el encanto
de la metamorfosis.
La ventana ya estará abierta
por el viento,
cómplice de la travesura
del programador.
Caminarás hacia ella,
sentirás la excitación propia
de un animal en cautiverio
al borde de la libertad.
Te arrojarás sin saber siquiera
si funcionarán tus nuevos aditamentos,
pero que mas da,
de eso se trató siempre tu vida,
de no resistirse al riesgo.
Tus alas extendidas abrazarán el cielo.
Lo único que quedará de ti
sobre la tierra
sera tu sombra deslizándose
entre nuestras ruinas de cemento.
Y por fin estarás arriba,
donde perteneces,
entre nubes y promesas de aguacero.
Aquí, sólo nos quedará esperar la lluvia,
para correr debajo
y sentir que también volamos
sobre el reflejo de los charcos
que por un momento
harán de este sitio otro cielo,
ese que se puede tocar
sin estirar tanto los dedos.

En medio de la carretera

¿Has visto como desaparece un perro después de ser arrollado en medio de la carretera?. Si nadie lo recoge, su cuerpo se irá desintegrando bajo el paso de las llantas de cientos de automóviles.

La semana pasada pude observar a una víctima enfrente de donde trabajo:

El primer día me entristeció ver que aún tenía integras las dos patitas delanteras.

Al segundo día casi me arrollan a mí por estar viendo al animal atropellado.

Al tercer día apenas se notaba una pequeña alfombra sin forma sobre el asfalto. El viento aún movía su pelo.

Al cuarto día ya no volteé a verlo.

Al quinto día se me olvidó cerrar la oficina con llave y tuve que regresar a la puerta.

Al sexto día el cuerpo ya había desaparecido. Quise hacer algo contra el olvido y lo único que quedó de ese perro sobre el suelo es este texto. Supongo que se merecía algo más, pero es lo único que tengo.

Afuera

Afuera, la lluvia moja la ciudad.
Adentro, las lágrimas humedecen mis mejillas.
Mi cabeza es un oasis de preguntas necias:

¿hasta dónde es soportable la nostalgia?

¿hasta dónde podré llegar sin ti?

¿por qué chingados tiene que ser así?

Le doy un trago a mi pasado
y saludo a todas mis despedidas
que me han venido a visitar,
en esta maldita noche
que se parece tanto
a aquella en la que te fuiste,
y este jodido yo,
que aún es el imbécil aquel
que siempre conociste.

En realidad no he cambiado mucho.
Sigo asumiendo errores que me causan risa,
sigo cometiendo aciertos que me duelen,
sigo necesitando de tus malditas palabras.
Y he tenido que ser muy valiente,
quizás en eso no me reconocerías,
pero sabrías que soy yo intentando sobrevivir.

Afuera ya comienza el otoño,
uno más.
Y confieso que
no me duelen los que no has estado,
sino los que sé que no estarás.

He envejecido demasiado
en muy poco tiempo.
En los días camino más lento,
y desde que te fuiste
dicen que me parezco
a todos los hombres tristes.

Afuera casi ha parado de llover,
el viento agita la rama de un árbol
que parece saludarme.
Me gusta pensar que eres tú,
como diciendo:
"Marco, ya no llores,
la vida es más breve que una tormenta".

Me gusta pensar
que ese otoño que veo llegar
es tu forma de estar conmigo,
y que me visitarás cada año;
y que cada año harás que un árbol me salude;
y que un día soplará tan fuerte octubre
que mis mejillas quedarán secas.

Ya sé que hay cosas
que son mejor no pensar demasiado,
¡pero carajo!…
que fea es la muerte
cuando no es uno el muerto.

Afuera, la lluvia soy yo pensando en ti.
Adentro, mi cuerpo es el mundo,
extrañándote.

Cuando todo pesa

Cuando todo pesa 
Y los bares no alcanzan
Y la cerveza no ahoga
Y los idiotas nos superan
En iniciativa
Y duelen los labios
De tanto decir nada
Y el esqueleto
Es un crujir de recuerdos
Con epicentro en el pecho
Y las calles
Son abismos horizontales
Donde la caída
Es la propia existencia…
Pienso en ti
Como última salida de emergencia.

Piensa en alguien…

Piensa en alguien...

En quien sea...

Cierra los ojos
si es necesario,
deja que la memoria
haga su papel.

No importa su nombre
o apellido,
ni donde lo conociste,
o por qué está en tu mente
por delante del resto.

Sólo piensa en alguien…

¿Ya?

Ahora date un abrazo,
hoy has sido un héroe.

Por lo menos este día
y en este instante,
has salvado
a una persona
del olvido.

Ojos de blues

A ella(s)
Ella miraba al cielo
como quien se asoma al precipicio.
Al borde de la ventana del bar,
un cigarrillo entre sus dedos
era su única defensa contra el mundo
y el silencio el himno
de una mala racha
que apestaba a soledad.

Culparía al alcohol
pero esta vez
quisiera darme el mérito.
Me acerqué,
sus ojos eran negros y tristes
como un blues.

Noté que miraba a la luna,
no al cielo.
Me confesó que la odiaba,
pero no podía parar de verla.
Buscaba algo que la hiciera quererla.
Lo había perdido todo,
excepto la fe.

En pocos minutos nos sentimos
como viejos conocidos.
Es lo que sucede cuando
un pirómano coincide con el fuego.

Y no pasó mucho tiempo
para hacernos solitarios en común.
Un par de torpes que le rendían culto
al dolor y al silencio.
Un tributo bien hecho al fracaso.

Caminábamos lento,
queríamos que durara.
Nos bebíamos la noche
y fumábamos la nostalgia.
Entre canciones de
Joaquín Sabina y Nacho Vegas
aprendimos que la tristeza
era nuestra forma de querer.

Pero pronto nos consumió la trampa.
La belleza de las bestias
radica en observarlas desde lejos,
y nosotros nos tocamos demasiado.

Había tormenta y era mayo
cuando me confesó que me amaba.
Le contesté que yo no.
No podía. Simplente
era incapaz de hacerle daño.

Comenzó a llorar
y afuera no paró de llover.

Una ciudad con el suelo
lleno de espejos
fue lo único
que me quedó de sus ojos
aquella vez.

Pasó el tiempo
y nos cobijó la distancia,
hasta que una noche
en otro bar coincidimos.

El azar es más hijo de puta que el destino.

Estaba sin el cigarrillo,
acompañada sólo por el ruido,
y en la mesa una botella vacía
que reflejaba sus labios rojos
y borrachos.

Nos acercamos una vez más.
Yo nunca aprendí a ser un santo
y ella había perdido la fe.

Me habló de sus hombres,
su vida consistía en
enamorarse y resucitar,
siempre buscando lo mejor de
tipos que en el fondo detestaba,
como cuando miraba a la luna
desde la ventana del bar.

Yo me limité a quererla,
como se quiere a un animal herido,
es decir, con ganas de curarla,
pero hasta en eso fallé.
Ya sólo soy un tipo
que apenas puede
cumplir años,
no promesas.

Y a pesar de todo,
esa mujer fue
mi único acto de amor sincero:
Se cuida lo que de verdad se quiere,
y al alejarla de mí,
intentaba protegerla.

Es por eso que le escribo esto,
para que el día
en el que no la vuelva a ver,
sepa que nunca estará sola,
este poema siempre estará con ella.

Miércoles, 15 de agosto del 2012

Para la madrugada de agosto
cuando Gaby se estrelló
Me duele agosto, 
aquí,
entre la espalda y el pecho,
donde los crujidos no cesan,
donde nunca seca,
donde aún caminas
y me dejas en las alas
los sueños de tus pies.

Me duele agosto
con la mano izquierda
y las jaulas rotas;
con los libros que nunca pude regresarte
y nuestra última pelea.

En las canciones donde te escucho,
en los poemas donde eres recuerdo
para leer en voz alta,
te exhumo como herida fresca,
porque estás aquí,
en cualquier sitio
donde yo mismo
soy una de tus huellas.

Me duele agosto,
cuando el 2012 no me tuvo piedad
y llegó el fin del mundo
pero nadie se dio cuenta.

A pesar del resto

Te veo recargada sobre mi pecho: 
pequeño sitio devastado.
Y aun así sonríes.
Me levantas.
Me abraz(s)as.

Incendiaria.

Me tomas del cuello
y me besas.
Como bailando.
Como fumando.

Me cierras los ojos
para que el mundo se quede afuera,
para que la realidad no nos contagie.

Entonces siento
que ya no voy perdiendo,
que tiro la soga y levanto la toalla,
porque mis pies ya son árboles
en medio del deslave;
y tú la montaña,
y la vida la sombra
de un pájaro en picada.

Pero no por arrodillarte vas a creer en Dios.

Cuando termina el beso
reinicia el precipicio.
Regreso al fondo de mí mismo,
donde hace frío,
donde nace todo lo que detesto.
Ahí pertenezco,
porque uno es lo que es
a pesar del resto.

Sucede que
sin ti no soy nada.
Contigo tampoco,
pero al menos ya no lo noto.

Piloto automático

No te sientes feliz
Ni estas triste
Ni siquiera molesto
Ni cansado
No te duele nada
No estas furioso
No tienes una opinión para todo
No te importan las noticias
Ni las peleas en redes sociales
No quieres tener la razón
Ni la has perdido
No te levantas por un beso
Ni mueres de nada.

Ya lo ves
Sucede que
No sirves para vivir
Y sin embargo
Estas aquí
Respirando.

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